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Existen  fronteras en el tiempo difíciles de comprender.  Normalmente los días se parecen unos a otros, son un poco repetitivos, hacemos cosas similares y aunque existen diferencias reales y cualitativas, no son más que una línea con pequeñas curvas. Hoy no me ha pasado eso.

Si la cosa la ampliamos a una semana, es probable que las diferencias sean más apreciables, aunque el común denominador siga siendo el mismo escenario repetitivo.

Ahora, en esta Asociación, después de celebrar nuestra convivencia, vamos directo a otro acontecimiento, que aunque es una cita anual no es, por menos,  también repetitiva. Esta repetición, y valga la redundancia, no me desagrada en absoluto, porque en el tiempo han pasado ya muchas cosas; desde el año anterior hasta hoy ha habido grandes curvas, cambios de sentido diría yo.

Miro a mi alrededor y el escenario ya no es el mismo, los actores que lo formamos han cambiado, muchos de ellos ya no están, otros, en cambio, han cambiado, y siga valiendo la redundancia.

Esos pasteles ya no los comerá el mismo, esa alegría ya no la dará el mismo, ese mensaje ya no lo dará el mismo, esa silla ya no la ocupará el mismo, esa conversación ya no me la dará el mismo, sino otro que no se parecerá en nada a ti. Tu vacio no se cubre, se sustituye, mi amistad hacia ti no se cubre, se pierde, mi recuerdo hacia ti será eterno pues me distes lo que necesité en el momento que lo necesité, no después. Tu grandeza era manifiesta, solo teníamos que volver la cabeza y verte venir, después sonreíamos a carcajadas.

El tiempo nos separa y nos une, ya lo verás; el tiempo no es el camino, sino el medio que utilizamos para recorrer la distancia y como verás, y sé que lo estás viendo, al fin y al cabo no es más que algo que se acaba aquí abajo,  no dónde estás.

Mañana, 15 de Noviembre, me comeré los míos y los tuyos, a cambio guarda la amistad para cuando el tiempo se acabe y no tengamos estos problemas.

Un compañero que no te olvida.

14 de Noviembre de 2012.