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Hace unos días me encontré con mi amigo Damián, cuantos años sin vernos, las obligaciones laborales y no residir en el mismo municipio nos gastan estas bromas.

Nos conocimos hace más de 30 años, mucho tiempo, y fue gracias a ARO; habíamos pasado grandes dificultades y el alcohol era nuestra máquina demoledora. Era el mes de mayo de 1982, después de una gran hecatombe que se produjo en mi vida.

Hasta ese momento todo era un infierno, lleno de problemas que pretendía solucionar con la copa, pobre de mí, cada día crecían y crecían más, y yo pretendiendo ahogarlos con el alcohol.

Como decía antes, mayo de 1982, fue mi gran talismán, empecé a participar en las terapias del Hospital Psiquiátrico, nuestra bien recordada capilla, y en la Casa de la Juventud, entonces en la calle Bocas, que fueron testigos de muchas recuperaciones, con sus penas y sus alegrías, con sus momentos duros y otros llenos de ternura, pero ahí empezó mi salvación y de otros muchos compañeros.

Desde el día que pisé esa Capilla, emprendí una nueva vida con paso firme y decidido, a pesar de los traspiés laborales, cuando llevaba tres meses de terapia y sin haber dado ningún paso atrás, me despiden del trabajo, no hubo retroceso, la decisión tomada en mayo era la única vía de escape y a ella me aferré con fuerza.

Todo el mérito no fue mío, como olvidar a tantos compañeros que me apoyaron y que, por desgracia, varios de ellos ya no están entre nosotros; y a parte de mi familia que siempre estuvieron ahí.

No puedo pasar por alto, la gran labor altruista de los técnicos que nos apoyaban y aconsejaban, entonces solamente Trabajadora Social y ATS, gracias a todos ellos.

Al "jefe" le quiero dedicar este párrafo, y como los calificativos siempre se quedan cortos, sólo decir que le tengo un cariño especial, lleno de agradecimiento, para mí, mi segundo padre, porque el también me dio la vida.

Como no quiero cansaros otro día continuaré.

J.L.H.G.

¡GRACIAS ARO!