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Hoy desde la tranquilidad que da mi casa vacía, me he asomado al balcón, a lo lejos se escuchan las colombinas, he respirado hondo, he mirado al cielo y he sentido esa sensación de bienestar que se instaló en mi cuerpo hace mas de un año. Y he pensado, ¡Soy feliz!.

Muchas personas piensan que la felicidad completa no existe, pero yo creo que si. Yo me siento feliz hace muchos meses, mas de un año, como anteriormente dije. Y esta sensación no me abandona, tengo días mejores y peores, pero en cada uno de ellos pienso que soy feliz. Soy tan afortunada...

La vida me ha dado sufrimientos, preocupaciones, incluso me ha tratado mal, o peor.

Y yo también me he tratado mal, o peor... Y todo eso me ha servido para aprender, para crecer. Hace casi dos años decidí dar el paso y dejar de consumir. Estaba en el peor momento de mi vida, casi pierdo lo más preciado que la vida un día me regaló, mi pequeña niña. Pensar en esto aun me emociona y llena el alma de lagrimas. Yo ya estaba decepcionada conmigo misma como persona, como madre, como mujer. Pero dolía demasiado admitirlo, incluso pensar en ello me desgarraba el corazón. Hasta que un día tuve que admitirlo, mi adicción me hacía olvidarme de todo lo que amaba, no respetarlo, no cuidarlo. Me había hundido en la mas ínfima miseria personal. Esta hundida, como las ranas de ese cuento de Jorge Bucay en el que hay dos ranas hundidas en la nata y tienen dos opciones, dejarse hundir y morir o luchar por sobrevivir. Y yo apunto de dejarme hundir y morir, decidí luchar por mi, por mi niña, por mi familia. Y así lo hice, pataleé con fuerzas, como la ranas, hasta que la nata se convirtió en mantequilla y logré escapar de esa miseria. Aun sigo luchando, pero el camino ya es mas llano mas llevadero incluso dulce. Porque ahora puedo ver. Porque ya no estoy ciega, porque saboreo cada instante de mi vida, porque bailo, canto, rio y soy libre.

Si, esta palabra es muy importante en mi nuevo vocabulario. SOY LIBRE. Así en mayúsculas, porque esa sensación junto con la de felicidad me acompaña en este nuevo camino que recorro. Me siento libre y esa sensación era totalmente desconocida por mi. Yo antes de decidir cambiar mi vida, era presa de mi misma, de mi adicción. Trataba de controlar mi adicción en todo momento, de no salir para no consumir, me quedaba en casa, sola. No era capaz de disfrutar de la vida, porque no sabía decirme a mi misma que no. Y era mas fácil encerrarse, vivir con miedo, salir de noche lo tenía prohibido por mi misma, porque si lo hacía volvía a perder la batalla, pero encerrarse no era la solución, porque cada vez que salía... volvía a perder la batalla, a decepcionar, a traicionarme y así tantos y tantos años...

Hoy pienso en esto, veo por todo lo que he pasado, mi lucha interior, y soy capaz de admirar lo feliz que me siento, cuanto ha cambiado mi vida. Hoy me gusto a mi misma, me siento una mujer fuerte y capaz, estoy en harmonía con los que me rodean, ya no hay discusiones, he aprendido a calmarme, a hablar desde mi, desde lo que siento, he aprendido a escucharme a misma, a respetarme, a quererme, a escuchar a los demás, a no juzgar, a ponerme en su lugar. He aprendido que la vida puede ser maravillosa si así lo queremos, que la vida es hoy, es ahora, que tenemos que disfrutarla. Pero disfrutarla de verdad, desde lo que de verdad nos llena, desde lo que nos hace libres. La vida es nuestra, hay que sonreír.

Y bueno, en mi vida tengo dos ángeles que me acompañan, uno es mi padre y otro es mi niña. Gracias papá, por acompañarme en este camino, jamás tendré ni encontraré las palabras para agradecerte suficiente todo lo que has hecho, todos estos Miércoles y Lunes de terapia, toda tu dedicación, tu confianza, tu apoyo, tu amor incondicional, gracias por mostrarme el camino, gracias por estar siempre a mi lado, gracias por ser mi ángel de la guarda.

Gracias a Don Cristóbal, por animarme a subirme a este barco, entre sin mucha confianza, pensando que no serviría de nada y encontré mi salvación.

Gracias a todos los monitores que hemos tenido y tenemos, cada uno de vosotros aportáis algo especial, algo grande. Algo que os hace únicos , ha sido y es todo un placer escucharos. A mis monitores de inicio de los Miércoles muy especialmente, se os quiere y os echa de menos, jamás podré expresar lo que me habéis transmitido a veces con una simple mirada. Gracias de corazón.

Gracias a todos los que formáis parte de esta gran familia, gracias a mis compañeros por siempre preocuparse por mi, por estar a mi lado.

Muchas gracias porque mi felicidad, mi libertad la he ganado a vuestro lado.